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Fortaleza Bronce Trono Cráneos Khorne

Khorne, el Señor del Trono de Cráneos.

Hace mucho tiempo, cuando los Seph aún no se habían alzado, los Vosyavs lo reinaban todo. Su reino de terror infundido era tal, que los Eldars Oscuros eran simples aficionados.

¿Quién era el líder supremo de un Imperio tan retorcido, sangriento y macabro?

Un ser sumamente psicótico, tan perverso que ni el actual ser vivo en la Existencia más loco, perverso y sádico; en sus momentos de mayor locura, podría igualar las proezas de la sangre del líder de los Vosyavs. Este ser no era otro que The Holder, El Único Capaz.

The Holder tenía un potente rival de similar especie llamado Agaroth, cuya perversión rozaba lo imposible.

Para otras especies, la simple idea de que un ejército Vosyavs invadiera su mundo, quemara sus ciudades, mutilara a sus hijos y violara a sus mujeres probocaba una gran oleada de suicidios; similar a la que probocaba el maestro del asedio Genghis Khan cada vez que atacaba con sus mongoles una fortaleza.

Cuando ambos se juntaban, Agaroth y The Holder, el peligro era tal que la realidad se tornaba una mera ilusión, y la realidad pasaba a ser una locura.

Por suerte, algo aún mucho mayor; una Fuerza Mayor, arrasó con su especie. Era el Enemigo, los Desgarradores.

La Sed de Sangre y poder que dejó la pasada de los Desgarradores a The Holder le llevó a un titánico enfrentamiento contra Agaroth, La Encarnación de la Burla. La Muerte y la Burla encarnadas luchando por la supremacía. Uno es capaz de burlar a la muerte, y otro de matar a la burla.

Pero acabó en empate, y ninguno de los dos pudo llevarse el Poder.

Hasta que The Holder encontró a los últimos miembros de su especie. Lo sentía en lo más profundo de su retorcida alma, pero su deber era matar a sus congéneres. Uno a uno, los torturó hasta la muerte y consumió sus almas para aumentar su poder.

La negra y reluciente piel sólida de The Holder ahora contenía sesenta y dos almas más.

The Holder siguió masacrando mundos, pervirtiendo a personas y gozando de su poder, hasta que los Dioses del Caos nacieron de nuevo.

Khorne, Nurgle y Tzeentch. El Dios del Trono de Cráneos, el Dios de la Mugre y el Arquitecto del Destino. Y aún faltaba uno: Slaanesh, la Sedienta.

Un cambio radical se produjo en su sádico ser, y luchó contra estas tres nuevas y jóvenes entidades. Pero Khorne ya tenía a un seguidor crucial cuando The Holder se topó con él: Doombred, un tirano Seph que había puesto de rodillas a su especie y había masacrado también cientos de miles de mundos.

The Holder, El Único Capaz; y Doombred, El Sangriento; se enzarzaron en un duelo de titánicas proporciones en la superficie de Cáoro IV. La sangre inundó los ríos de agua, y del cielo llovió ácido corrosivo. Las montañas empequeñecían ante el duelo de titanes.

Y The Holder despejó el camino a los Seph.

Aun así, pese a haber decapitado a Doombred fisicamente con La Segadora de Almas, su guadaña personal; The Holder no fue capaz de eliminar psíquicamente a Doombred.

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